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"El Gran Espíritu nos dio esta tierra y aquí estamos en casa. No quiero que roben a mi pueblo...quiero que todos sepan que estoy en contra de cualquier venta de nuestra tierra".

lunes, 1 de octubre de 2012

BERREA EN KARRANTZA


Carranza u oficialmente Karrantza, se encuentra en el extremo oriental de Bizkaia, siendo además el municipio más grande del Territorio y uno de las más extensos de la Comunidad Autónoma Vasca, alcanzando casi las 17.000 hectáreas. Frente a esta extensión, su población no deja de menguar año tras año, y así, frente a la década de los años cuarenta del siglo pasado donde llegaba casi a los cinco mil habitantes, ahora apenas alcanza los tres mil. Creo que será uno de los pocos municipio de Bizkaia que carece de chimeneas industriales, siendo su única actividad la ganadería. Es el pueblo ganadero de Bizkaia por excelencia, tanto en vacuno como en ovino y en menor mediada en caballar.


LUGAR EXACTO DE ACAMPADA Y LADERA BOSCOSA DE LA BERREA EN BERNALES-KARRANTZA
A pesar de su gran extensión y poca población uno puede estar en cualquiera de sus cumbres, pequeñas o grandes, no olvidemos que aquí se encuentra el Zalama, el segundo monte de Bizkaia, que a parte de ver bosques y campas, también se verán casas y barrios, pues su dispersión geográfica se extiende por todo el valle.

Aquí habita el corzo y el jabalí, los cuales se han venido introduciéndose y asentándose  de forma pausada y contínua desde hace más de cincuenta años. El ciervo fue reintroducido a principios de los años ochenta del siglo pasado mediante tres sueltas procedentes de los Montes de Toledo. También vive el mítico lobo, el cual cada vez que entra no se le da cuartel por el daño que hace en el ganado. Esto en cuanto a fauna mayor, pero de la menor, tenemos  la sorda o becada o chocha perdiz u ollagorra  que visita todos los años sus bosques, la perdiz pardilla, que si bien en el pasado estaba presente, ahora la encontramos en el vecino municipio de Valle de Villaverde, los mismos podemos decir de la codorniz en época de verano, mucho más abundante en el pasado que ahora, la liebre sigue siendo habitual y el conejo vive en las peñas de Ranero. En estos montes, y sin riesgo a equivocarme, vivieron los últimos osos de Bizkaia a finales del siglo XIX, pues si bien está documentada  la caza de un oso en Lanzas Agudas, en la segunda década de ese siglo (ver Naturmendi “Los últimos osos vascos”) todavía en los últimos años del diecinueve se cazaban en el valle burgales de Espinosa de los Monteros y en Soba, Cantabria.

En fin, podríamos seguir hablando de este precioso valle encartado muchas más líneas, como por ejemplo de sus barrios, de sus cuevas, de sus iglesias, de sus casas de indianos, del Karpím… pero aquí en Torosentado vamos a recoger la salida que hice el pasado viernes, con mi hijo Iñigo, mi hermano Iñaki y su hijo Jon. Amaneció el día gris, triste, propio del otoño, y con riesgo de lluvia, pero no nos desanimó. Iñaki llamó a un amigo cazador de este valle, Gotzon, para que le indicase donde se podía oír y ver la berrea. Quedamos en la única gasolinera que hay en el término municipal,  y nosotros le seguimos hasta el pueblo de Bernales, una vez en él no introducimos por una serie de pistas hasta llegar a un prado donde instalamos las tiendas de campaña. Gotzon se  despidió, pues eran fiestas en su barrio (Ahedo) y nosotros empezamos a dar unas vueltas por los alrededores, viendo un ciervo joven, más exactamente un  vareto (Vareto: Dos astas rectas verticales con una sola punta)


en torno a la hoguera, eso si, con cautela siempre
Volvimos al “campamento” hicimos un pequeños fuego y después de cenar, salchichas, pancetas y chorizo, a eso de las 10:00 nos metimos en las tiendas de campaña, momento en que empezó a llover, primero unas ligeras gotas y luego torrencialmente. A la vez que nos resguardábamos, empezó lo que estábamos esperando, la berrea. Creo que los ciervos llegaron a estar a unos pocos metros de donde estábamos, serían dos o tres. Aunque  la berrea no fue intensa,  los críos han tenido un buen recuerdo. Recuerdo que se hará más intenso en un futuro cuando cuenten que a las 3:00 de la mañana me caía el agua en la cara  que traspasaba los toldos de la tienda. En el momento que amainó, nos levantamos, recogimos a todo correr las tiendas, sacos y mochilas y rumbo a casa. A las 5:00 estábamos en la cama.

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